Entre eucaliptos macucos,
Tamariscal y florcitas,
Está la fiel, pobrecita,
Parada en pose de gala,
En la intemperie, su sala,
Quedó olvidada solita.
Nadie transita esos Lares,
Ni una casona en su lote,
Solo el nacer de algún brote
O algún bichito matrero,
Tiene por gran compañero
Mientras el tiempo la azote.
Ni una escritura que marque,
A quien está dedicada,
Por su figura moldeada
Parece Mitre formarse,
Basta con solo arrimarse
Y ojear su cara tallada.
¿Cuál habrá sido la idea
Que en pleno campo te anclaron?
Tal vez al pueblo llegaron
Con otra talla derecho,
Y como ya te habían hecho
En tal rincón te dejaron.
Nativa de aquel paraje,
La Mascota, más bien llamada,
Allí te hallás ubicada
Detrás de los siete hilos,
En el llano que fue tu asilo
Tenes tu humilde morada.
Hoy que se quejan las ramas
Del eucalipto mañero,
El canto de algún hornero,
La liebre detrás de un yuyo,
Fundaron delante tuyo
Aquél lenguaje pampero.
Allí, quebrando los años,
Sigue más bien paradita,
Esbelta, bien derechita,
La piedra de gran historia,
Vive ganando memoria,
De tiempos idos, solita.

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